
Con solo 16 años y una trayectoria de ocho años en las pistas, Joaquín Escobar, alumno de 3° Medio C de nuestro liceo, está listo para dar uno de los saltos más importantes de su carrera deportiva: clasificar al Campeonato Sudamericano de Esgrima en Medellín (Colombia) y a su primera Copa del Mundo en San Salvador (El Salvador).
Sin embargo, detrás de las máscaras, el peto y la espada, hay una historia de perseverancia, apoyo familiar e institucional, y una disciplina ejemplar que comenzó de una manera muy particular.
El descubrimiento de una pasión: Del déficit atencional a la espada
El ingreso de Joaquín al mundo de la esgrima no fue casualidad, sino el resultado de la recomendación de un especialista. Diagnosticarlo con déficit atencional a los 7 años llevó a su familia a buscar un deporte de alta concentración.
"Fue raro como lo descubrí. El neurólogo me dijo que necesitaba practicar un deporte de concentración. Mi mamá me puso en varios, como tenis y tenis de mesa, y entre esos estaba la esgrima. Para un niño de 7 años, pelear con espada era bacán", recuerda entre risas Joaquín.
Lo que comenzó como un juego infantil se transformó en su vocación. Hoy, tras 8 años en la disciplina, destaca no solo la técnica, sino la calidez de la comunidad deportiva: "En todo este tiempo nunca he tenido un problema con nadie. La gente es muy amable y siempre se preocupa de que uno mejore".
Paciencia, estrategia y fuerza en la pista
En la esgrima existen tres modalidades (florete, sable y espada). Joaquín compite en espada, la disciplina que permite tocados directos en cualquier parte del cuerpo y exige un ritmo táctico meticuloso.
"La espada es el juego más lento de todos porque uno tiene que preparar al rival, pensar muy bien lo que va a hacer. Exige mucha paciencia y técnica", explica el estudiante. Sobre sus fortalezas físicas y mentales, agrega: "Tengo fuerza, así que mi estrategia es tener mucha paciencia, esperar a que los rivales salgan y, cuando lo hacen, les saco la hoja y respondo".
El camino al éxito: Resiliencia tras la adversidad
El camino a la clasificación internacional no estuvo libre de obstáculos. A principios de año, durante una competencia clave en Punta Arenas, sufrió una fuerte lesión producto de un calambre en la categoría Juvenil y una pronta eliminación en Cadetes.
Lejos de rendirse, Joaquín convirtió la frustración en motor: "En base a todo eso, me tuve que esforzar mucho más el resto del año. Gracias a eso pude sacar tres podios seguidos, los cuales me dieron los puntos justos para clasificar al Sudamericano". Sobre su clasificación al Mundial en El Salvador, expresa con emoción: "Estoy bastante feliz, es mi primera experiencia en una competencia de nivel mundial, donde vienen deportistas de todo el planeta".
El desafío de la doble vida: Deporte y exigencia académica
Ser un deportista de alto rendimiento exige sacrificar cumpleaños, reuniones con amigos y tiempo libre. Para Joaquín, el secreto está en la planificación diaria: a diario acude al Centro de Entrenamiento Olímpico (CEO) para sus rutinas físicas y aprovecha hasta los 10 minutos previos a un entrenamiento para estudiar.
En este proceso, destaca el valor del acompañamiento del Liceo Miguel Rafael Prado:
"El liceo me ha ayudado demasiado en términos de estrés y flexibilidad académica, como también al permitirme salir antes para llegar a buena hora a mis entrenamientos. Además, acá he vivido valores como el apoyo y el respeto, algo fundamental porque la esgrima es un deporte basado en el respeto mutuo".
Para sus compañeros que sueñan con destacar en alguna disciplina o arte pero temen descuidar sus estudios, Joaquín entrega un consejo claro: "Todo es tema de organización y manejo del tiempo. Si uno no se organiza desde antes o le gana la flojera, se junta todo al final. Con buena planificación, se puede".
Un sueño con miras a los Juegos Olímpicos
Preparándose con entrenamientos intensivos y trabajando su fortaleza mental para no achicarse ante ningún rival, Joaquín mantiene la mirada fija en su meta máxima:
"Mi gran sueño final es llegar a una Olimpiada, representar a mi país y obtener una medalla olímpica. Voy paso a paso, cumpliendo pequeños sueños entre medio, pero esa es la gran meta".
Como comunidad del Liceo Miguel Rafael Prado, nos enorgullece acompañar a Joaquín en este hito histórico y le deseamos el mayor de los éxitos en sus próximos desafíos en Colombia y El Salvador. ¡Todo el liceo está contigo, Joaquín!


